Ser paisa.
Ser
paisa… arepas y frijoles, mujeres bonitas y el mejor clima de Colombia, es lo
que más se puede escuchar. A mi me parece que ser paisa -y voy a usar la
palabra mas paisa que hay-, es una berraquera. Si se siente el airecito de
orgullo, si se siente el corazón hinchado cuando escuchamos nuestro himno
departamental sea en un estadio o en un edificio como forma de alzar la
esperanza como en estos días de crisis, eso también define qué es ser paisa,
¡empatía!
Es
“ponernos en los zapatos del otro”, es agotar las maneras de indicar una
dirección y es bailar veinte géneros diferentes de música en una sola noche, es
alargar el diciembre por once meses mas y buscar como empacar la comida casera
de mamá para cualquier parte a la que vamos.
Ser
paisa… montañeros, eso somos. Nacidos entre montañas, privilegiados de
presenciar los más hermosos amaneceres y atardeceres. Montañeros, que
encontramos absoluto placer yendo a tomar el mismo chocolate de toda la vida a
las cimas de algunas de nuestras montañas, los amados mirados, ¡ay del turista
que no haya disfrutado de uno de los nuestros!
Ser
paisa… ni hablar del lenguaje figurado y la jerga tan amplia que nos acompaña,
de la sonora ‘S’ y la melodía que acompaña nuestras frases, esa que los
extranjeros gozan escuchar.
Ser
paisa… nacer con la sangre caliente, alegre, bullosa, risueña, nos dicen
alzados, avispados, comelones, empeliculados, y hasta verdad es. Pueblo de
pujanza, pueblo de amor, pueblo de innovación. La gente de los festivos, los
dueños de la Feria de la Flores, los mejores trovadores y el mejor sistema de
transporte.

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