RECUERDOS
A
veces me encontraba mirando al cielo desde mi cocina, buscando ese punto que un
día vi perderse en el horizonte y me asombro de sentir ese anhelo de poder
verlo regresar. La vida ahora es diferente, hace ya unos quince años desde que
lo vi, Marco me dejo justo un año después de que el ángel desapareciera,
empaco sus cosas en la madrugada mientras yo dormía, me dejo un sombrero, una
nota con dos palabras y tres camisetas viejas. Después de eso solo lo vi una
vez, en el funeral de nuestro hijo, cinco años después de que el ángel
abandonara nuestro jardín. No note su ausencia hasta un mes después, cuando ya
la calma se había disipado y solo dejaba un camino de incertidumbre, me había
acostumbrado a una vida diferente a sus alas, su rostro y a su extraña
compañía. Me pasaba las mañanas y las tardes mirando al cielo o cortando
cebollas, la gente del pueblo decía que me había vuelto loca, decían que el
ángel me había maldecido, decían que jamás regresaría.. Olvide mi nombre y mi rostro, olvide caminar y coser,
olvide reír y llorar, olvide la risa de mi hijo y la voz del hombre que un día
ame, y con el tiempo los demás también me olvidaron, pero a él no pude, su
recuerdo seguía intacto en mi memoria y me negaba a dejarlo. Dedique mis días a
esperarlo porque su recuerdo era lo único que me quedaba.
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