Poema de Raúl Gómez Jattin

 Poemas de Raúl Gómez Jattin 


Casi obsceno

 

Si quisieras oír lo que me digo en la almohada

el rubor de tu rostro sería la recompensa

Son palabras tan íntimas como mi propia carne

que padece el dolor de tu implacable recuerdo

Te cuento ¿Sí? ¿No te vengarás un día? Me digo:

Besaría esa boca lentamente hasta volverla roja

Y en tu sexo el milagro de una mano que baja

en el momento más inesperado y como por azar

lo toca con ese fervor que inspira lo sagrado

No soy malvado trato de enamorarte

intento ser sincero con lo enfermo que estoy

y entrar en el maleficio de tu cuerpo

como un río que teme al mar,

pero siempre muere en él.


El amor brujo

 

He robado parte de tu cuerpo y de tu alma

Le he tendido una celada a los recuerdos

que aquí te recuerdo ¿Recuerdas amor?

El cielo de la noche casi azul se asoma

entre tus pestañas Noche vibrátil

Una vez me fui hasta tu región de monte

enfermo de hongos y tristezas muy tristes

Y aluciné con tu imagen alta y flexible

galopando un caballo de nube Luego

Venías por la tarde desde el Retiro de los Indios

en tu carruaje blanco y yo iba a pie

por la carretera Como un sonámbulo

Sonríes desde lejos como si masticaras

mi corazón entre tus colmillos

Mis palabras le quitan a tu vida muerte

Vives en este libro aunque te tengo miedo

Aunque apenas si hemos hablado

Pero te amo tanto como siempre

Tanto como puedas imaginar

Y estamos lejos

Como el sol del mar. 


SI SE QUIERE LLEGAR a ser una buena víctima

es necesario saber de toda la dulzura

que entrelaza al verdugo con la muerte

de la paciencia con que afila su hacha

de la soledad que ilumina su vida

y la de sus inocentes hijos

del esfuerzo que implica portar y levantar el arma

de la sangre que pringa sus pantalones

Todas esas consideraciones deben estar presentes

en el momento de recoger nuestro pelo sobre la nuca

y poner en sus manos el pescuezo.

 

Memoria

 

Más allá de la muerte y sus desolaciones

que perviven intactas como la vida misma

hay un sol habitado de palomas y árboles

que guarda tu futuro en mitad de mi infancia

Joaquín Pablo mi viejo niño y amable

la edad nos confundió y nos separó dolidos

en mañanas de Mayo esperando la lluvia

y en las horas del brillo y las escaramuzas

de los gallos de riña entre los matorrales

Hay un silencio grave parecido al olvido

que me nubla mis ojos y quiebra mi garganta

en tus voces que guardo como una tibio sábana

para el frío de los años y la soledad cansada

Eras el último hombre honrado que sobrevivía alegre

Eras aquel sentido sembrador de amorosas pasiones

En mitad de la vida se me escapó tu cuerpo

Como un frutal cargado soleado y cuidadoso

que me heredó sus mangos en lo más débil del alma.

Yanili Gonzalez Herrera

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