Lectura y poder

 

Manuel Arturo Diaz Gamba 

Para finalizar una conversación sobre la geopolítica y la estrategia cultural de estados unidos para “ganar” la guerra fría y convertirse en el “imperio” regente, un estudiante de Filosofía de la UPB utilizó la siguiente frase: “En todo caso, me gusta el poder, amo el poder, por eso leo para tener poder sobre quienes no leen; y son muchos”

Esta frase resonó por varios minutos en mi cabeza y me llevó a pensar sobre un único aspecto: La vulnerabilidad social a la que esta sometidas las personas analfabetas, personas con una discapacidad en el lenguaje o simplemente a alguien que, por falta de práctica, no realiza los tres niveles de lectura. Sin embargo, ¿Cuál vulnerabilidad? ¿A que peligro son sometidos? ¿En verdad hay peligro?

Si observamos el lenguaje de las redes sociales como Facebook o Instagram es sencillo, poco exigente; no obstante, el lenguaje usado en veredictos por parte de juzgados, EPS, formularios de becas o subsidios no son tan  sencillos y exigen lectores más voraces. Justo a este peligro se ven sometidos aquellos que no leen (aclaro, cuando digo: “No leen” me refiero al hecho de que saben leer, pero no frecuentan la lectura o hay alguna condición que les impide hacerlo); pues perder una tutela, una beca, un subsidio o entrar a una deuda sin conocer los riesgos solo por la falta de compresión es un hecho infame en nuestra sociedad.

Por eso, quienes leen, quienes tienen la habilidad de comprender, no deben ¡Jamás!  Sentirse superiores a quienes no. Ni valerse de eso para conseguir un fin. Simplemente, los lectores activos están en la obligación de ayudar a quien no comprende; porque somos humanos y muchos de ellos tuvieron un acercamiento agresivo a con la lectura. Seamos humanos y ayudemos a comprender a quienes no saben hacerlo.

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