Fuego
Dando pasos firmes por las montañas de un verde Medellín se acerca apuntando, con un arma tan pesada como sus penas. El sudor brota por cada uno de sus poros, confundiéndose así con sus lágrimas. Era la primera y última vez que vería aquellos ojos azules, quienes pedían a gritos aunque fuese un poco de compasión. Desliza su dedo por el gatillo. Cierra los ojos. Respira hondo. Dispara.
Comentarios
Publicar un comentario