Agatha
Antes tenia un gato, Agatha, así me hacía llamarla, pero para mi ese no era su nombre. Agatha era un poco molesta, siempre enojada. Ella era diferente y hasta única, le gustaba jugar con sus presas hasta la muerte, divirtiéndose con el dolor ajeno.
A veces solía salir con ella a la calle, pero no duraba mucho, yo estaba acostumbrada a ella, pero los demás no, para ellos era difícil escuchar en su mente todos esos pensamientos, no lo resistían y vivir se volvía demasiado, no se daban cuenta que con el tiempo era más fácil. A veces me molestaba, alejaba a todos de mí y me hacía sentir extraña y lejos de todo, pero ella me decía que nunca se iría, no fue tan cierto.
Su verdadero nombre era Medusa, así decidí nombrarla en secreto, al igual que Medusa ella era despiada y solitaria, destinada a cargar con una maldición que rondaría toda su vida. Agatha o Medusa no podía ser otra y no podía frenar su deseo de muerte, por eso, tal y como Medusa lo hizo miles de veces, ella también mataba con su mirada.
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