A puerta cerrada
ESCENA VI
ERIKA, sola.
(ERIKA
entra con una maleta y mira a su alrededor. Observa de cerca la estatua, se da
vuelta y camina alrededor de las sillas, elige sentarse en una roja. Le gusta
el contraste de los colores con los dos de la maleta; de un lado rojo y el otro
negro, y, el de su vestido blanco. Se sienta, pone el equipaje en su regazo y
permanece en silencio. Se levanta, se arregla el vestido, limpia con un pañuelo
negro el maletín. Camina por la habitación buscando algo en qué entretenerse,
no encuentra nada y va a sentarse. En ese momento entra YOMAIRA.)
ESCENA VII
ERIKA – YOMAIRA
(ERIKA
la observa por un momento y de inmediato la ignora. Silencio. YOMAIRA mira a su
alrededor, luego, desconfiada y manteniendo su distancia, se dirige a ERIKA.)
YOMAIRA
(Se cruza de brazos). - ¿Qué hace aquí? No creo haberme equivocado (se pasea
por la habitación, medita y se toca los brazos como si tuviera frío. Grita) No,
no, encerrada no. (Señalando a ERIKA) Tú ¿me esperabas? Debes saber que no soy
igual a las demás ¿Qué llevas en ese maletín?
ERIKA
(Inspira, espira. Trata de calmarse. Sarcasmo). – Hola, me llamo Erika. ¡Un
placer!
YOMAIRA.
– No me des problemas. (La mira despectiva de pies a cabeza) Aunque, esa
pulcritud y…esa maleta (ERIKA la sostiene y abraza con fuerza) no genera mucha
tranquilidad. ¿Cargas tus trapos sucios? De una vez te digo. No me gusta que me
amarren ¡eh! (ERIKA se ríe). ¿Esto es todo? ¿Me vas a matar con el Silencio?
¡Hum! (Se tira en otra de las sillas con los brazos cruzados, observando la
puerta detenidamente.)
ERIKA.
No te gusta este lugar. A mí me gusta todo, menos ese color verde donde te has
sentado. (Dirigiendo la mirada a la puerta) No se abrirá de nuevo, a menos que
nos toque compartir la habitación con otra persona más. Sería el colmo, ya es
pequeño para las dos… y es injusto que vengas a atacarme. Comprendo, no es
fácil sentirse bajo el dominio de alguien. (YOMAIRA quien había permanecido en
silencio mirando sus manos, levanta la cabeza, acecha con molestia y se
levanta.)
YOMAIRA.
- ¿Qué, de usted? No lo creo, está equivocada. No confío, eso es todo.
(Quitando la funda con más serenidad) No es verde, es azul ¿Mejoró algo o te
sigue perturbando que no sea de la misma gama que las demás?... Necesito salir
de aquí (se dirige hacia la puerta con la funda en la mano, intenta abrir la
puerta y esta se abre mostrando a ELIZABETH.)
ESCENA VIII
ERIKA - YOMAIRA – ELIZABETH
ELIZABETH.
– Hola (entra y cierra la puerta tras de sí) ¡oh! No esperaba tener dos
compañeras de cuarto. (Se pone las manos en la cintura) ¡Genial! No hay ni un
varón (dirigiéndose a la tercera silla, va acomodándose su larga cabellera y
coloca el abrigo Vino tinto que llevaba en sus manos en el respaldo del
asiento). ¡Qué calor! prefiero el frío. (A YOMAIRA) bien, no tenemos camas,
pero todas tenemos los mismos tapetes negros debajo de nuestros asientos para
recordárnoslo (se ríe, vuelve a acomodarse el cabello.)
ERIKA.
– Ni que lo digas. Creo que es a propósito, una vil provocación. (Se levanta,
sin soltar la maleta camina hacia la estatua y la toca) ¿Cómo les fue con el
CAMARERO?
ELIZABETH
(Sigue sonriente jugando con el cabello, levantando el pecho). – ¡Nah! Me he
pavoneado con todos mis atributos a la vista y ni siquiera se inmutó. Aparte de
feo, mal agradecido.
ERIKA.
- Diablos. La superficialidad quita lo que más atesoras ¿Ya deberías saberlo?
Solo eres un engaño. (El rostro de ELIZABETH se descompone de tristeza)
YOMAIRA
(molesta). - ¿Te crees mejor que ella? Puedo ver lo vacía que eres en realidad.
(ERIKA abraza su maletín. YOMAIRA alza la mirada) ¿Crees que podemos juzgar a
esos que hacen lo mismo? ¡Ja! Qué tal si supieran que no solo podemos
escucharlos. Desde aquí puedo verlos sin sus máscaras. (Mofa) Él es tan bueno ¿Qué más quería ella?
(ELIZABETH también alza la mirada hacia otro lado, se inquieta).
ERIKA
(sigue abrazando el maletín, mira sus pies). –
Siempre seremos el villano de una historia mal contada.
YOMAIRA.
– No, yo hice todo bien, yo, yo… no soy igual a las demás, pero ¿por qué? (se
desespera, grita) ¡Necesito salir de aquí, me estoy ahogando! Quiero otra
habitación solo para mí.
ELIZABETH.
– No, no puedes ser tan ambiciosa. ¡Cállate y siéntate! (ERIKA camina con furia
hacia ella.)
YOMAIRA
(susurrando varias veces). – Nadie me
dice qué hacer (baja los brazos, los relaja. Ladea la cabeza y pone los ojos
prácticamente en blanco, como fuera de sí).
ERIKA.
– ¿Quién te dio poder para someterla? Sí que eres un fraude. Puedes dejar de
tocarte el cabello por un segundo, y dejar de sonreír, tu excesiva energía
sonriente me está enloqueciendo.
YOMAIRA
(En la misma posición). – No necesito
que me defienda alguien tan vacío, no necesito tu voz. (Se abraza y baja la
cabeza acariciando su hombro izquierdo. ELIZABETH Y ERIKA, la miran y escuchan
atentamente.) Tiempo, todo lo que quería era tiempo. Estaba tan hermosa. Podía
verlos esperarme, él estaba ansioso, se veía tan hermoso. Todos se veían tan
bien que llegué a pensar que era el típico cuento de hadas en el bosque, pero,
(suspira) no creo en patrañas. (Alza la mirada nuevamente) Quería hacerlo en un
salón pequeño, sin muchas personas. (Alzando la voz) No tomó en cuenta mi
deseo, fue como hablarle a una piedra, y todo, absolutamente todo, lo decidió
por mí. (Tristeza) Temí ¿Mi vida sería así para siempre? si digo “acepto” ¿No
seré más mía? Corrí, era tan grande mi temor que no me di cuenta quién me
seguía. Yo… no quise hacerlo (llora) Ella me detuvo bruscamente, solo quería
soltarme y, su hermana cayó al río… Rasgué mi vestido (hace los gestos en su
cuerpo) y preferí afrontar mi terror a ese río sucio que tener que decir la
verdad. (Camina de un lado a otro) Yo, yo… hice todo bien. No soy igual a las
demás, necesito salir. No quiero escucharlas, no quiero verlas, me recuerdan a
él.
ELIZABETH
- ¿Eso es todo? Defraudaste la confianza que tenían en ti, y tú (grita y señala
a YOMAIRA) ¡solo acabaste con tu miserable vida! Qué decepción. Si vas a morir,
que sea por amor.
ERIKA.
- Basta. ¿Tú no decepcionaste a nadie verdad? (pasea a su alrededor con la mano
en la barbilla.) No seas cobarde, te gusta causar daño, pero no reconocerlo.
ELIZABETH. - ¿Qué hay de usted? Nunca suelta esa
maleta ¿Que llevas ahí? ¿qué es tan importante para nunca soltarlo? Siempre vas
queriendo defender tus propias convicciones desde el otro, siempre te sientes
atacada, aunque no sea contigo. No puedes juzgar y querer hacer justicia al
mismo tiempo. (Con ironía) ¡Olvídalo! (señala con la cabeza a YOMAIRA) Ni ella
ni yo, aprenderemos algo por ti. (ERIKA se dirige nuevamente a la estatua, les
da la espalda).
ERIKA.
– Aunque quisiera, no puedo soltarla. (Alzando la mirada) pobre de mi hijo. Ha
intentado tanto defenderme como madre. Es el único que me llora. Ahora que no
puedo resguardarme del odio de mi madre y mi hermana, quieren que la única
persona que me atesora me odie. Para una madre, una buena madre, le es doloroso
ver sufrir a sus hijos. Más que las quimios, la mastectomía y toda la agonía de
la enfermedad. Padecí la tristeza de mi hijo, le rogué que no se quedara
conmigo todas las noches. Mientras él creía que dormía, lo escuché llorar,
lamentarse que solo lo tuviera a él, hasta rogarle a Dios que acortara su vida
y me diera unos años más. Todos daban por hecho que ya a esas alturas, había
perdido la escucha. Me hubiese gustado no haber vuelto de mi desmayo en esa llamada.
Se quebró mi hijo con las palabras de su abuela… (Levanta la mano en el aire
como estar acariciando a alguien. Tristeza)
“¿Cómo puedes decir que es indigna de ser tu hija? Que madre les desea muerte a
sus propios hijos... Sí, lo sé. Quería pensar que usted no pudo ser capaz de
atentar contra su propia carne, veo que es verdad; usted mató a su hija ¡por
Dios! Solo tenían cuatro y cinco años, no contó con que mi mamá sobreviviera.
¡Cómo puede ser usted la madre de la mía! No se molesten en venir a corroborar
el estado de ella. Como mi madre hizo, desde este momento. Me olvido, niego
cualquier parentesco con ustedes”... (Baja la mano) Desee tener la voz, las
fuerzas suficientes para consolar a mi hijo, para quitarle esa carga tan pesada
que no le correspondía. (Se pone la mano en el pecho, llora) no quería que mis
últimos momentos fueran los malos recuerdos de mi infancia, anhelé que mi
espíritu llegara a ella y hacerle sentir todo el dolor, todo el daño que me
causó; marcarla para siempre en lo que le quedara de vida. Me alejó de mi
hermana… siempre la puso en mi contra. Me desprecia con todo su ser, y no sé
por qué.
ELIZABETH
(poniéndose seria de golpe). - ¿La odias?
ERIKA.
- No
YOMAIRA
(acercándose para tomar la maleta). – Ven, dame ese maletín. Es mucha carga que
llevar.
ERIKA
(la esconde detrás de sí y grita). - ¡No!... No puedo. ¿Lo entiendes? Todo lo
que me llevó hasta mi enfermedad y muerte, está aquí. Nadie más puede llevarlo.
(Apuntando con el dedo a cada una) Tú, ni tú, pueden cargar con ello… Aquí
también estarán las suyas. Así no quiera, no puedo librarme de ello.
(ELIZABETH, la mira).
ELIZABETH
(Su gesto habitual de tocarse el cabello y estar sonriente). – ¿Por qué no
simplemente perdonas y olvidas todo? ¿Por qué no lo haces ahora?
YOMAIRA
(Responde a ELIZABETH, señalando con ambas manos hacia ERIKA y su maleta). ¿No
ves? No pudo. Y ya no podrá. ¿Por qué eres la única que no ha hablado? ¿Qué
ocultas?
ELIZABETH
(Da la vuelta para mirar hacia donde se había inquietado antes). - No tengo
nada que ocultar. Estoy preocupada… Hay mucha gente que me quiere, todo se está
saliendo de control… A este paso todo se sabrá. Decepcionaré a muchos. En mi
defensa, estoy feliz con la boca llena de gusanos y con el corazón intacto.
(Observa la habitación) Si ser cobarde es agradecer estar aquí, me doy por bien
servida. (Suspira) Aunque era un viaje largo, acordamos que él vendría a verme,
hice lo posible por esperarlo en el aeropuerto. No salimos del hotel en todo el
día, tenía que ser así. Faltaban unas horas para irnos. Entramos al ascensor,
al bajar al pasillo principal nos encontramos con un tipo muy enojado, le
gritaba a la recepcionista y le exigía el número de una habitación. Sacó un
arma y sin más, le disparó a ella y a nosotros que interferíamos su camino hacia
el ascensor. (Vuelve a levantar la mirada) Ahí está mi esposo, mirándome, con
el gran interrogante acuchillándole el corazón ¿Qué hacía mi esposa en un
hotel? Me apena verlo así, no quiero causarle daño, es un buen hombre… (Levanta
las manos y sonríe) pidan por todas aquellas almas que quieren ser salvadas.
¡Dios! (junta las manos en modo de súplica y murmura para sí) recoge del
infierno a todas las almas de aquellos que fueron infieles por amor” (grita)
¡Por amor! (Ríe a carcajadas).
(Todo
queda en absoluta oscuridad. ELIZABETH, lanza un agudo grito.)
ELIZABETH.
- ¡No!
(Cuando
vuelve a visualizarse, ELIZABETH se está tocando el cabello con desesperación.
Pasó de tenerlo por debajo de sus caderas a la altura de sus hombros. Su
sonrisa se ha borrado. A sabiendas que se repetirá una y otra vez, todas en
silencio caminan hasta sus sillas. Se sientan con la cabeza gacha y todo
oscurece. Luego, Un foco de luz encuadra la puerta, donde muestra a ERIKA
entrando con su maleta.)
Autoras:
Yomaira
Bernal
Erika
Fernández
Elizabeth
Puerta
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