De La Cúspide a la Cama

En un bosque tropical se paseaba la elefanta Ofelia, era la más hermosa de su manada, robusta, fuerte y muy coqueta. Con su gran trompa podía alcanzar los más exóticos frutos que afloraba en lo más alto de los árboles, permitiéndole seducir con sus movimientos a todos los animalitos del reino de Sumatra.

Por sus grandes atributos Ofelia, era la envidia de todas las hembras que constantemente le ponía retos y trampas para que esta se desorientara, sin embargo, sus intentos eran en vano, pues la hermosa elefanta, salía victoriosa, tal era su suerte, que poco a poco se convirtió en un animal bastante arrogante y molesto, pues insinuaba que nadie podría estar a su altura.

Un día bastante soleado, luego de culminar una gran tormenta eléctrica, Ofelia, aprovechó el clima y salió de la profundidad del bosque a tomar un baño de lodo para presumir sus grandes curvas, pero mientras daba pasos notó que su presencia no llamaba la atención de los demás animalitos del reino como era costumbre, pues estaban sorprendidos con un objeto bastante curioso, que pareciera que hubiera brotado de la tierra pues absolutamente nadie lo había puesto allí. Tal fue el alboroto que causó, que en menos de lo que canta un gallo todos los animales lo rodearon y Ofelia, al ver que nadie le prestaba atención se puso en frente de la situación. Notó que los monos saltaban y saltaban sobre el objeto, pues era bastante suave y al parecer tenía unos resortes recubiertos de telas de las más finas, asemejándose a un trampolín, pero no lo era; las serpientes bailaban por los bordes de madera y los pájaros intentaban robar dos cuadraditos repletos de plumas que volaban muy alto al ritmo que los monos saltaban.

Cuando los animalitos se percataron de la presencia de Ofelia, la retaron a que se sentara sobre el objeto asombroso, ella insinuando que era un reto bastante absurdo por lo fácil que se le veía superarlo, se burló de todos los espectadores y decidió aceptarlo.

Primero con su trompa tocó la cubierta suave, luego pasó a los cuadritos repletos de plumas que le ocasionaron al instante fuertes estornudos, y por último, decidió tocar toda la madera que sostenía aquello que se parecía a un trampolín, justo en ese preciso instante, Ofelia, dudó si aquel objeto iría a ser capaz de sostener su robusto cuerpo, no obstante, como su orgullo estaba primero decidió sentarse y cayó tan fuerte que destruyó por completo aquel magnífico objeto, ocasionando que todos los animalitos del reino de Sumatra, se burlaran de ella, pues Ofelia, en aquel accidente se dio cuenta lo que es estar a la altura de los demás.

FIN.

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